Ecografías antes de abortar, ¿tan malo es salvar una vida?

Hubo en España recientemente una polémica por las ecografías que se realizaban, de forma voluntaria y gratuita, a las mujeres que pensaban abortar. La finalidad es tan sencilla como eficaz: desmontar la mentira de que el feto «no es nada», ya que al ver sus movimientos y escuchar sus latidos, cualquier mujer se da cuenta de que es un ser humano vivo, que merece la vida. Y que, por si eso fuera poco, es su hijo.

Ecografías antes de abortar, una práctica recomendable para cualquier mujer

Sin entrar en matices políticos, sí cabe lamentar que no todos los grupos políticos estén de acuerdo en que las mujeres puedan ver a su hijo antes de decidir acabar con su vida. Han sido numerosas las polémicas, sobre todo porque algunos grupos pretendían que esa ecografía, para que puedan verle y escuchar sus latidos, fuera obligatoria antes de abortar.

«Las mujeres embarazadas deberían recibir todas las ayudas necesarias para salir adelante, para que nacimiento de sus hijos no sea considerado un problema sino, tal y como es, una alegría».

¿Qué tiene de malo que la mujer reciba esa ayuda? ¿qué puede pasar? ¿que la mujer sienta que esa vida, como es natural, depende de ella y decida salvarla? No creo que salvar una vida sea algo para criticar, ni siquiera con fines políticos. Si esa información es gratuita, si sirve para que la mujer vea que una vida humana que, por si no fuera bastante, es sangre de su sangre, puede salvarse si ella lo decide, no debería considerarse algo malo.

Así que sin querer entrar en matices políticos, ni en qué partidos lo aplauden y cuáles lo critican, sí nos gustaría que algo tan básico como la información fuera necesario antes de practicar el aborto. Y esto sin querer entrar en algo básico: cualquier aborto, cualquier forma de acabar con una vida humana, debería recibir la condena de parte de toda sociedad que se considere defensora de los derechos humanos.

Que una mujer vea y escuche a su pequeño antes de permitir que nadie le haga daño, es tan saludable para ella como para la sociedad en la que convive. Un ser tan indefenso no debería ser atacado por nadie, y menos con el consenso de su madre. Al contrario, las mujeres embarazadas deberían recibir todas las ayudas necesarias para salir adelante, para que nacimiento de sus hijos no sea considerado un problema sino, tal y como es, una alegría.

«Antiguamente los esclavos no eran considerados humanos, y matarlos o maltratarlos estaba permitido, como ocurre ahora con los nasciturus».

Personalmente el aborto me recuerda a la esclavitud. Antiguamente no solo era tolerada, sino por muchos considerada como «algo necesario». ¿Qué pasaría en la economía si se abolía la esclavitud? ¿quién podría sugerir siquiera que los esclavos fueran libres, si eso dañaba la estabilidad económica? ¿qué habia más importante que la economía? Y sobre todo, ¿cómo se podía garantizar que los esclavos eran seres humanos?

Antiguamente los esclavos no eran considerados humanos, y matarlos o maltratarlos estaba permitido, como ocurre ahora con los nasciturus. ¿Quién podía decir que eran humanos de otra raza, y no simplemente animales? Científicamente «no estaba demostrado» que fueran humanos, y eso daba carta blanca a comenter contra ellos todo tipo de crímenes, abusos y asesinatos. ¿Pero qué crímenes? Si no eran humanos, para

Exactamente lo mismo ocurre hoy en día contra los fetos. Y SI, son seres humanos igual que los esclavos lo eran. Indefensos ante los abusos contra el Derecho Humano más básico: el derecho a la vida.

Aborto post-natal, la nueva aberración para abortar

Aborto postnatal, la última ocurrencia contra los Derechos Humanos de los más inocentes.

Si todo ello no fuera suficiente, en la actualidad se plantea un tema polémico como el que más. Un bebé recién nacido puede ser «abortado» si reúne ciertas condiciones después de haber nacido. Un asunto tan espeluznante que cuesta tratarlo con calma. Un bebé, que llora desamparado, ajeno al debate que a su alrededor se plantea: el debate sobre quién decide acabar con su vida.

Igual que ocurría con el aborto, que se intentaba introducir en circunstancias muy concretas (violaciones y similares) para engañar a la gente. Y que en la actualidad está demostrado que ese tipo de abortos no suponen ni el 0’5% de los que se practican. Era solo la excusa para normalizarlo.

De ese mismo modo querrán introducir «en casos muy raros» este aborto post-natal, para luego colarlo a la sociedad en causas más generales. Para hacer que, como el aborto, un asesinato del ser humano más indefenso, no sea considerado un crimen.

Un argumento para una película de terror. Lástima que no sea eso, sino nuestra realidad contemporánea.

Ecografías antes de abortar, una necesidad para informar a la madre

Las nuevas tecnologías, un aliado del derecho a la vida para evitar abortar

Con las nuevas tecnologías, está claro que se puede apreciar mucho mejor los rasgos humanos del feto. Mucha gente cree que si no ha nacido no está formado, y este error se soluciona con información. Aquí es donde entran las ecografías en 3D que, de forma contundente, desmontan esas teorías tan simplistas, negacionistas de una realidad que salta a la vista.

Y como una imagen vale más que mil palabras. basta con revisar las imágenes de esta misma entrada para darse cuenta de que los fetos son, como su ADN demuestra, seres humanos. Necesitan nuestra ayuda para crecer, como cualquier niño.

El Papa Francisco, un valiente defensor de la vida humana

Y por supuesto, como no podía ser de otra forma, el Papa Francisco ha defendido por activa y por pasiva el derecho inalienable a la vida, que todo ser humano tiene: sea niño, anciano, adulto o esté creciendo en el vientre materno. Y lo mismo ocurre con el Camino Neocatecumenal: sus miembros siempre defenderán el derecho a la vida, por el bien de la madre y de su bebé.

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Seminario Redemptoris Mater en Macao, China

Hace pocos meses se abrió oficialmente el Colegio Seminario Redemptoris Mater situado en Macao, China. Fue el Cardenal Fermando Filoni, prefecto de Propaganda Fide, quien firmó el decreto que lo estableción, el 29 de junio de 2019 tras una audiencia con el Papa Francisco.

Información sobre el Seminario Redemptoris Mater de Macao, China.

Este Seminario Redemptoris Mater de Macao, China (también conocido como Redemptoris Mater College for Asia) contará con grupos de estudiantes de diferentes países de todo el mundo. Ha sido la Congregación para la Evangelización de los Pueblos la que ha hecho posible su apertura oficial.

Su misión, claro está, será la Evangelización de Asia. Muy oportuno parece que sea ubicado justo en China, y por mediación directa de los órganos competentes del Vaticano, con el visto bueno expreso del Papa Francisco.

Será el Camino Neocatecumenal el encargado de la formación, respondiendo a la encíclica Redemptoris Missio del papa San Juan Pablo II. En ella afirmaba que Asia es una zona a la que «debería orientarse la missio ad gentes» (n. 37). También el Papa Francisco invita a la Iglesia a salir para proclamar el Evangelio, en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium.

Seminario Redemptoris Mater en Macao, China

Funcionamiento del seminario Redemptoris Mater de Macao, China

Este seminario Redemptoris Mater de Macao estará en contacto con el obispo local, y podría tener sedes en otros países o en otras ciudades de China. Es un seminario mayor de la Iglesia, dotado de personalidad jurídica canónica propia. Dependerá en todo momento, y de forma directa, de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

Formará a futuros sacerdotes, con una finalidad evangelizadora itinerante. Sus sacerdotes podrían ser enviados a las diócesis más necesitadas que así lo soliciten, conforme a las decisiones del Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

La formación de los seminaristas asignados a este Colegio tiene un carácter muy específico, ya que estará centrado en la misión que se les asignará. Esta vocación incluye formación directa y personal en el Camino Neocatecumenal, así como en la formación teológica correspondiente a la misión universal que Cristo confió a los apóstoles. De esta manera estarán mejor preparados para los envíos que se les adjudiquen en el futuro.

Dichos envíos tienen un carácter especial, ya que los presbíteros formados en este seminario Redemptoris Mater de Macao, China, podrían ser acompañados en sus envíos por familias que formen parte del Camino Neocatecumenal. Dichas familias, como es habitual en el Camino, deberían haber manifestado su disponibilidad voluntaria de ser asignadas a dicha misión.

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Famosos en el Camino Neocatecumenal

¿Qué famosos en el Camino Neocatecumenal conoces? Esta es una pregunta clásica en la sobremesa de las convivencias. Justo antes de iniciar una rueda de experiencias o catequesis, después de comer. O en el tiempo libre, en cualquier preparación. Pero, ¿cuál es la respuesta?

Si te estás preguntando ¿qué es el Camino Neocatecumenal?, visita este enlace.

Personajes famosos en el Camino Neocatecumenal

Cierto es que investigando un poco no se encuentra gran cosa. Poca información al respecto, como si no hubiera famosos que hubieran admitido formar parte del Camino Neocatecumenal.

He encontrado pocos testimonios que valga la pena reproducir. Y aunque los que he seleccionado tal vez sean conocidos por muchos, no era mi caso: no soy conocedor de la actualidad del «cotilleo» o la «farándula», como la llaman en otros países.

Pero no por eso voy a dejar de mencionar un par de casos, más o menos conocidos, de famosos que han sido relacionados con el Camino Neocatecumenal.

Famosos en el Camino Neocatecumenal, Giovanbattista Venditti y Tamara Falcó

Giovanbattista Venditti, jugador de rugby italiano

Giovanbattista Venditti es un conocido jugador de rugby italiano. No es de los famosos en el Camino Neocatecumenal que todo el mundo conozca, por lo menos en España no es muy conocido: basta con ver que ni la Wikipedia en español tiene actualizada su carrera.

Como curiosidad, Wikipedia le sitúa en el equipo inglés de rugby Newcastle, cuando desde 2016 juega en el equipo Zebre italiano. Sí es cierto que jugó en Inglatera, pero está «un pelín» desactualizada esa información. Basta con constrastarla con la más completa nota en la wikipedia italiana.

Pero como su testimonio vale la pena leerlo, y es un personaje conocido en Italia, me ha parecido oportuno mencionarle.

En su vida personal, Giovanbattista Venditti es un padre de familia católico que no tiene reparos en proclamar en público su fe. Como hemos dicho, juega actualmente en el Zebre de Parma en la Liga Celta italiana. Se le apoda como «el Gran Sasso», por ser natural de Abruzzo.

Resumiendo un poco su vida, al ser su padre boxeador de categoría de pesos pesados, siempre ha estado ligada al deporte. Probó suerte en natación, fútbol, baloncesto y voleibol, pero desde los 9 años hasta la actualidad su deporte favorito ha sido el rugby. Y cuando jugaba en las cebras de Parma fue llamado para jugar en la Selección Nacional italiana.

En su vida personal se ha manifestado sin complejos como católico. «Dios siempre me hace ver la otra cara de todas las medallas», es una de sus frases más conocidas.

Se define como una persona religiosa, gracias a la fe que le transmitieron sus padres. Ademas de asistir a Misa, admite que reza en la intimidad. Y fue a través de un amigo cuando conoció el Camino Neocatecumenal.

¿Cómo llegó a ser Giovanbattista Venditti formar parte del Camino Neocatecumenal?

En un principio no le interesó formar parte del Camino Neocatecumenal. Tenía un amigo que le invitó a hacer las catequesis en más de una ocasión, pero hasta que no conoció a su mujer, no daría ese paso.

Es en la ciudad de ella, Plasencia, donde se acercó a la parroquia de la Santísima Trinidad. Y a partir de ese instante, le llamó la atención del cariño que existía entre los miembros de la comunidad parroquial. Allí encontró amor y personas que considera como ejemplos a seguir.

Personajes populares en el Camino Neocatecumenal: ¿Tamara Falcó?

En España, también se ha hablado de personajes famosos en el Camino Neocatecumenal. Y uno de los más populares es Tamara Falcó.

No obstante, a diferencia del jugador italiano, Tamara no forma parte del Camino Neocatecumenal. Si bien reconoció en su día que había hecho las catequesis en la Real Iglesia Parroquial de Santiago y San Juan Bautista de Madrid. Pero no para formar parte de una comunidad neocatecumenal, sino como «formación» para el Sacramento de la Confirmación.

Pero que no forme parte de una comunidad no significa que no sea creyente, claro está. Tamara Falcó se reconoce católica. Y admite tener amigos en varias realidades eclesiales, como los Legionarios de Cristo o el Opus Dei.

También ha visitado el santuario de Medjugorje. Se relaciona con las Siervas del Hogar de la Madre, y ocasionalmente con las monjas de Iesu Comunio. Y del mismo modo que le ocurrió a Giovanbattista Venditti, también le impresionó mucho el cariño que los miembros del Camino Neocatecumenal se muestran entre ellos.

Su conversión afirma debérsela a su abuela materna, una persona muy religiosa. Y una de las cosas que más le agradece a la Iglesia Católica es la visión sobre la sexualidad y la castidad: vivirlo de una forma ordenada ha sido para ella un cambio radical.

Así que, en definitiva, Tamara Falcó no es miembro del Camino Neocatecumenal, pero su testimonio y su experiencia dentro de la Iglesia Católica son de una riqueza a tener en cuenta.

Otros famosos en el Camino Neocatecumenal

No me cabe duda, hay más personajes populares y conocidos en el Camino Neocatecumenal. ¿Conoces tú otros? Deja un comentario y lo añadiremos en cuanto podamos. Esta entrada puede ir actualizándose con el tiempo, conforme salgan a la luz pública nuevos testimonios de más deportistas, artistas, actores o gente conocida en general que forme parte de la Iglesia o del Camino en particular.

Para añadir tu granito de arena, basta con dejarnos un comentario. También puedes hacerlo en nuestra página de Facebook, nuestro twitter o en otra de nuestras redes sociales, como Pinterest o Tumblr.

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Carta del Papa a los presbíteros, en el aniversario de la muerte del cura de Ars

Si hay algo que desde el movimiento del Camino Neocatecumenal se realiza es un alto interés por toda la actualidad relacionada con el Papa. Hoy, además de la Audiencia General del Papa Francisco, me gustaría destacar la carta del Santo Padre a los presbíteros, con motivo del 160º aniversario de la muerte del Cura de Ars. De especial interés para todos los fieles, presbíteros o laicos.

Carta del Papa francisco a los presbíteros en el 160º aniversario de la muerte del cura de Ars y audiencia general

Carta del Papa francisco a los presbíteros en el 160º aniversario de la muerte del cura de Ars

Como no tiene desperdicio y sería una pena estropear la carta, será mejor transcribirla literalmente. Si la explico yo, no se podría apreciar en toda su hermosura:

A mis hermanos presbíteros.

Queridos hermanos:

Recordamos los 160 años de la muerte del santo Cura de Ars a quien Pío XI presentó como patrono para todos los párrocos del mundo[1]. En su fiesta quiero escribirles esta carta, no sólo a los párrocos sino también a todos Ustedes hermanos presbíteros que sin hacer ruido “lo dejan todo” para estar empeñados en el día a día de vuestras comunidades. A Ustedes que, como el Cura de Ars, trabajan en la “trinchera”, llevan sobre sus espaldas el peso del día y del calor (cf. Mt 20,12) y, expuestos a un sinfín de situaciones, “dan la cara” cotidianamente y sin darse tanta importancia, a fin de que el Pueblo de Dios esté cuidado y acompañado. Me dirijo a cada uno de Ustedes que, tantas veces, de manera desapercibida y sacrificada, en el cansancio o la fatiga, la enfermedad o la desolación, asumen la misión como servicio a Dios y a su gente e, incluso con todas las dificultades del camino, escriben las páginas más hermosas de la vida sacerdotal.

Hace un tiempo manifestaba a los obispos italianos la preocupación de que, en no pocas regiones, nuestros sacerdotes se sienten ridiculizados y “culpabilizados” por crímenes que no cometieron y les decía que ellos necesitan encontrar en su obispo la figura del hermano mayor y el padre que los aliente en estos tiempos difíciles, los estimule y sostenga en el camino[2].

Como hermano mayor y padre también quiero estar cerca, en primer lugar para agradecerles en nombre del santo Pueblo fiel de Dios todo lo que recibe de Ustedes y, a su vez, animarlos a renovar esas palabras que el Señor pronunció con tanta ternura el día de nuestra ordenación y constituyen la fuente de nuestra alegría: «Ya no los llamo siervos…, yo los llamo amigos» (Jn 15,15)[3].

DOLOR

«He visto la aflicción de mi pueblo» (Ex 3,7).

En estos últimos tiempos hemos podido oír con mayor claridad el grito, tantas veces silencioso y silenciado, de hermanos nuestros, víctimas de abuso de poder, conciencia y sexual por parte de ministros ordenados. Sin lugar a dudas es un tiempo de sufrimiento en la vida de las víctimas que padecieron las diferentes formas de abusos; también para sus familias y para todo el Pueblo de Dios.

Como Ustedes saben estamos firmemente comprometidos con la puesta en marcha de las reformas necesarias para impulsar, desde la raíz, una cultura basada en el cuidado pastoral de manera tal que la cultura del abuso no encuentre espacio para desarrollarse y, menos aún, perpetuarse. No es tarea fácil y de corto plazo, reclama el compromiso de todos. Si en el pasado la omisión pudo transformarse en una forma de respuesta, hoy queremos que la conversión, la transparencia, la sinceridad y solidaridad con las víctimas se convierta en nuestro modo de hacer la historia y nos ayude a estar más atentos ante todo sufrimiento humano[4].

Este dolor no es indiferente tampoco a los presbíteros. Así lo pude constatar en las diferentes visitas pastorales tanto en mi diócesis como en otras donde tuve la oportunidad de mantener encuentros y charlas personales con sacerdotes. Muchos de ellos me manifestaron su indignación por lo sucedido, y también cierta impotencia, ya que además del «desgaste por la entrega han vivido el daño que provoca la sospecha y el cuestionamiento, que en algunos o muchos pudo haber introducido la duda, el miedo y la desconfianza»[5]. Numerosas son las cartas de sacerdotes que comparten este sentir. Por otra parte, consuela encontrar pastores que, al constatar y conocer el dolor sufriente de las víctimas y del Pueblo de Dios, se movilizan, buscan palabras y caminos de esperanza.

Sin negar y repudiar el daño causado por algunos hermanos nuestros sería injusto no reconocer a tantos sacerdotes que, de manera constante y honesta, entregan todo lo que son y tienen por el bien de los demás (cf. 2 Co 12,15) y llevan adelante una paternidad espiritual capaz de llorar con los que lloran; son innumerables los sacerdotes que hacen de su vida una obra de misericordia en regiones o situaciones tantas veces inhóspitas, alejadas o abandonadas incluso a riesgo de la propia vida. Reconozco y agradezco vuestro valiente y constante ejemplo que, en momentos de turbulencia, vergüenza y dolor, nos manifiesta que Ustedes siguen jugándose con alegría por el Evangelio[6].

Estoy convencido de que, en la medida en que seamos fieles a la voluntad de Dios, los tiempos de purificación eclesial que vivimos nos harán más alegres y sencillos y serán, en un futuro no lejano, muy fecundos. «¡No nos desanimemos! El señor está purificando a su Esposa y nos está convirtiendo a todos a Sí. Nos permite experimentar la prueba para que entendamos que sin Él somos polvo. Nos está salvando de la hipocresía y de la espiritualidad de las apariencias. Está soplando su Espíritu para devolver la belleza a su Esposa sorprendida en flagrante adulterio. Nos hará bien leer hoy el capítulo 16 de Ezequiel. Esa es la historia de la Iglesia. Esa es mi historia, puede decir alguno de nosotros. Y, al final, a través de tu vergüenza, seguirás siendo un pastor. Nuestro humilde arrepentimiento, que permanece en silencio, en lágrimas ante la monstruosidad del pecado y la insondable grandeza del perdón de Dios, es el comienzo renovado de nuestra santidad»[7].

GRATITUD

«Doy gracias sin cesar por Ustedes» (Ef 1,16).

La vocación, más que una elección nuestra, es respuesta a un llamado gratuito del Señor. Es bueno volver una y otra vez sobre esos pasajes evangélicos donde vemos a Jesús rezar, elegir y llamar «para que estén con Él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14).

Quisiera recordar aquí a un gran maestro de vida sacerdotal de mi país natal, el padre Lucio Gera quien, hablando a un grupo de sacerdotes en tiempos de muchas pruebas en América Latina, les decía: “Siempre, pero sobre todo en las pruebas, debemos volver a esos momentos luminosos en que experimentamos el llamado del Señor a consagrar toda nuestra vida a su servicio”. Es lo que me gusta llamar “la memoria deuteronómica de la vocación” que nos permite volver «a ese punto incandescente en el que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino y con esa chispa volver a encender el fuego para el hoy, para cada día y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena»[8].

Un día pronunciamos un “sí” que nació y creció en el seno de una comunidad cristiana de la mano de esos santos «de la puerta de al lado»[9] que nos mostraron con fe sencilla que valía la pena entregar todo por el Señor y su Reino. Un “sí” cuyo alcance ha tenido y tendrá una trascendencia impensada, que muchas veces no llegaremos a imaginar todo el bien que fue y es capaz de generar. ¡Qué lindo cuando un cura anciano se ve rodeado y visitado por esos pequeños —ya adultos— que bautizó en sus inicios y, con gratitud, le vienen a presentar la familia! Allí descubrimos que fuimos ungidos para ungir y la unción de Dios nunca defrauda y me hace decir con el Apóstol: «Doy gracias sin cesar por Ustedes» (Ef 1,16) y por todo el bien que han hecho.

En momentos de tribulación, fragilidad, así como en los de debilidad y manifestación de nuestros límites, cuando la peor de todas las tentaciones es quedarse rumiando la desolación[10] fragmentando la mirada, el juicio y el corazón, en esos momentos es importante —hasta me animaría a decir crucial— no sólo no perder la memoria agradecida del paso del Señor por nuestra vida, la memoria de su mirada misericordiosa que nos invitó a jugárnosla por Él y por su Pueblo, sino también animarse a ponerla en práctica y con el salmista poder armar nuestro propio canto de alabanza porque «eterna es su misericordia» (Sal 135).

El agradecimiento siempre es un “arma poderosa”. Sólo si somos capaces de contemplar y agradecer concretamente todos los gestos de amor, generosidad, solidaridad y confianza, así como de perdón, paciencia, aguante y compasión con los que fuimos tratados, dejaremos al Espíritu regalarnos ese aire fresco capaz de renovar (y no emparchar) nuestra vida y misión. Dejemos que, al igual que Pedro en la mañana de la “pesca milagrosa”, el constatar tanto bien recibido nos haga despertar la capacidad de asombro y gratitud que nos lleve a decir: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador» (Lc 5,8) y, escuchemos una vez más de boca del Señor su llamado: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres» (Lc 5,10); porque «eterna es su misericordia».

Hermanos, gracias por vuestra fidelidad a los compromisos contraídos. Es todo un signo que, en una sociedad y una cultura que convirtió “lo gaseoso” en valor, existan personas que apuesten y busquen asumir compromisos que exigen toda la vida. Sustancialmente estamos diciendo que seguimos creyendo en Dios que jamás ha quebrantado su alianza, inclusive cuando nosotros la hemos quebrantado incontablemente. Esto nos invita a celebrar la fidelidad de Dios que no deja de confiar, creer y apostar a pesar de nuestros límites y pecados, y nos invita a hacer lo mismo. Conscientes de llevar un tesoro en vasijas de barro (cf. 2 Co 4,7), sabemos que el Señor triunfa en la debilidad (cf. 2 Co 12,9), no deja de sostenernos y llamarnos, dándonos el ciento por uno (cf. Mc 10,29-30) porque «eterna es su misericordia».

Gracias por la alegría con la que han sabido entregar sus vidas, mostrando un corazón que con los años luchó y lucha para no volverse estrecho y amargo y ser, por el contrario, cotidianamente ensanchado por el amor a Dios y a su pueblo; un corazón que, como al buen vino, el tiempo no lo ha agriado, sino que le dio una calidad cada vez más exquisita; porque «eterna es su misericordia».

Gracias por buscar fortalecer los vínculos de fraternidad y amistad en el presbiterio y con vuestro obispo, sosteniéndose mutuamente, cuidando al que está enfermo, buscando al que se aísla, animando y aprendiendo la sabiduría del anciano, compartiendo los bienes, sabiendo reír y llorar juntos, ¡cuán necesarios son estos espacios! E inclusive siendo constantes y perseverantes cuando tuvieron que asumir alguna misión áspera o impulsar a algún hermano a asumir sus responsabilidades; porque «eterna es su misericordia».

Gracias por el testimonio de perseverancia y “aguante” (hypomoné) en la entrega pastoral que tantas veces, movidos por la parresía del pastor[11], nos lleva a luchar con el Señor en la oración, como Moisés en aquella valiente y hasta riesgosa intercesión por el pueblo (cf. Nm 14,13-19; Ex 32,30-32; Dt 9,18-21); porque «eterna es su misericordia».

Gracias por celebrar diariamente la Eucaristía y apacentar con misericordia en el sacramento de la reconciliación, sin rigorismos ni laxismos, haciéndose cargo de las personas y acompañándolas en el camino de conversión hacia la vida nueva que el Señor nos regala a todos. Sabemos que por los escalones de la misericordia podemos llegar hasta lo más bajo de nuestra condición humana —fragilidad y pecados incluidos— y, en el mismo instante, experimentar lo más alto de la perfección divina: «Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso»[12]. Y así ser «capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y su oscuridad sin perderse»[13]; porque «eterna es su misericordia».

Gracias por ungir y anunciar a todos, con ardor, “a tiempo y a destiempo” el Evangelio de Jesucristo (cf. 2 Tm 4,2), sondeando el corazón de la propia comunidad «para buscar dónde está vivo y ardiente el deseo de Dios y también dónde ese diálogo, que era amoroso, fue sofocado o no pudo dar fruto»[14]; porque «eterna es su misericordia».

Gracias por las veces en que, dejándose conmover en las entrañas, han acogido a los caídos, curado sus heridas, dando calor a sus corazones, mostrando ternura y compasión como el samaritano de la parábola (cf. Lc 10,25-37). Nada urge tanto como esto: proximidad, cercanía, hacernos cercanos a la carne del hermano sufriente. ¡Cuánto bien hace el ejemplo de un sacerdote que se acerca y no le huye a las heridas de sus hermanos![15]. Reflejo del corazón del pastor que aprendió el gusto espiritual de sentirse uno con su pueblo[16]; que no se olvida que salió de él y que sólo en su servicio encontrará y podrá desplegar su más pura y plena identidad, que le hace desarrollar un estilo de vida austera y sencilla, sin aceptar privilegios que no tienen sabor a Evangelio; porque «eterna es su misericordia».

Gracias demos, también por la santidad del Pueblo fiel de Dios que somos invitados a apacentar y, a través del cual, el Señor también nos apacienta y cuida con el regalo de poder contemplar a ese pueblo en esos «padres que cuidan con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante»[17]. Agradezcamos por cada uno de ellos y dejémonos socorrer y estimular por su testimonio; porque «eterna es su misericordia».

ÁNIMO

«Mi deseo es que se sientan animados» (Col 2,2).

Mi segundo gran deseo, haciéndome eco de las palabras de san Pablo, es acompañarlos a renovar nuestro ánimo sacerdotal, fruto ante todo de la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas. Frente a experiencias dolorosas todos tenemos necesidad de consuelo y de ánimo. La misión a la que fuimos llamados no entraña ser inmunes al sufrimiento, al dolor e inclusive a la incomprensión[18]; al contrario, nos pide mirarlos de frente y asumirlos para dejar que el Señor los transforme y nos configure más a Él. «En el fondo, la falta de un reconocimiento sincero, dolorido y orante de nuestros límites es lo que impide a la gracia actuar mejor en nosotros, ya que no le deja espacio para provocar ese bien posible que se integra en un camino sincero y real de crecimiento»[19].

Un buen “test” para conocer como está nuestro corazón de pastor es preguntarnos cómo enfrentamos el dolor. Muchas veces se puede actuar como el levita o el sacerdote de la parábola que dan un rodeo e ignoran al hombre caído (cf. Lc 10,31-32). Otros se acercan mal, lo intelectualizan refugiándose en lugares comunes: “la vida es así”, “no se puede hacer nada”, dando lugar al fatalismo y la desazón; o se acercan con una mirada de preferencias selectivas que lo único que genera es aislamiento y exclusión. «Como el profeta Jonás siempre llevamos latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos…»[20], los cuales lejos de hacer que nuestras entrañas se conmuevan terminan apartándonos de las heridas propias, de las de los demás y, por tanto, de las llagas de Jesús[21].

En esta misma línea quisiera señalar otra actitud sutil y peligrosa que, como le gustaba decir a Bernanos, es «el más preciado de los elixires del demonio»[22] y la más nociva para quienes queremos servir al Señor porque siembra desaliento, orfandad y conduce a la desesperación[23]. Desilusionados con la realidad, con la Iglesia o con nosotros mismos, podemos vivir la tentación de apegarnos a una tristeza dulzona, que los padres de Oriente llamaban acedia. El card. Tomáš Špidlík decía: «Si nos asalta la tristeza por cómo es la vida, por la compañía de los otros, porque estamos solos… entonces es porque tenemos una falta de fe en la Providencia de Dios y en su obra. La tristeza […] paraliza el ánimo de continuar con el trabajo, con la oración, nos hace antipáticos para los que viven junto a nosotros. Los monjes, que dedican una larga descripción a este vicio, lo llaman el peor enemigo de la vida espiritual»[24].

Conocemos esa tristeza que lleva al acostumbramiento y conduce paulatinamente a la naturalización del mal y a la injusticia con el tenue susurrar del “siempre se hizo así”. Tristeza que vuelve estéril todo intento de transformación y conversión propagando resentimiento y animosidad. «Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo Resucitado»[25] y para la que fuimos llamados. Hermanos, cuando esa tristeza dulzona amenace con adueñarse de nuestra vida o de nuestra comunidad, sin asustarnos ni preocuparnos, pero con determinación, pidamos y hagamos pedir al Espíritu que «venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Desafiemos las costumbres, abramos bien los ojos, los oídos y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado»[26].

Permítanme repetirlo, todos necesitamos del consuelo y la fortaleza de Dios y de los hermanos en los tiempos difíciles. A todos nos sirven aquellas sentidas palabras de san Pablo a sus comunidades: «Les pido, por tanto, que no se desanimen a causa de las tribulaciones» (Ef 3,13); «Mi deseo es que se sientan animados» (Col 2,2), y así poder llevar adelante la misión que cada mañana el Señor nos regala: transmitir «una buena noticia, una alegría para todo el pueblo» (Lc 2,10). Pero, eso sí, no ya como teoría o conocimiento intelectual o moral de lo que debería ser, sino como hombres que en medio del dolor fueron transformados y transfigurados por el Señor, y como Job llegan a exclamar: «Yo te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos» (42,5). Sin esta experiencia fundante, todos nuestros esfuerzos nos llevarán por el camino de la frustración y el desencanto.

A lo largo de nuestra vida, hemos podido contemplar como «con Jesucristo siempre nace y renace la alegría»[27]. Si bien existen distintas etapas en esta vivencia, sabemos que más allá de nuestras fragilidades y pecados Dios siempre «nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría»[28]. Esa alegría no nace de nuestros esfuerzos voluntaristas o intelectualistas sino de la confianza de saber que siguen actuantes las palabras de Jesús a Pedro: en el momento que seas zarandeado, no te olvides que «yo mismo he rogado por ti, para que no te falte la fe» (Lc 22,32). El Señor es el primero en rezar y en luchar por vos y por mí. Y nos invita a entrar de lleno en su oración. Inclusive pueden llegar momentos en los que tengamos que sumergirnos en «la oración de Getsemaní, la más humana y la más dramática de las plegarias de Jesús […]. Hay súplica, tristeza, angustia, casi una desorientación (Mc 14,33s.)»[29].

Sabemos que no es fácil permanecer delante del Señor dejando que su mirada recorra nuestra vida, sane nuestro corazón herido y lave nuestros pies impregnados de la mundanidad que se adhirió en el camino e impide caminar. En la oración experimentamos nuestra bendita precariedad que nos recuerda que somos discípulos necesitados del auxilio del Señor y nos libera de esa tendencia «prometeica de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas»[30].

Hermanos, Jesús más que nadie, conoce nuestros esfuerzos y logros, así como también los fracasos y desaciertos. Él es el primero en decirnos: «Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen sobre Ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrar alivio» (Mt 11,28-29).

En una oración así sabemos que nunca estamos solos. La oración del pastor es una oración habitada tanto por el Espíritu «que clama a Dios llamándolo ¡Abba!, es decir, ¡Padre!» (Ga 4,6) como por el pueblo que le fue confiado. Nuestra misión e identidad se entienden desde esta doble vinculación.

La oración del pastor se nutre y encarna en el corazón del Pueblo de Dios. Lleva las marcas de las heridas y alegrías de su gente a la que presenta desde el silencio al Señor para que las unja con el don del Espíritu Santo. Es la esperanza del pastor que confía y lucha para que el Señor cure nuestra fragilidad, la personal y la de nuestros pueblos. Pero no perdamos de vista que precisamente en la oración del Pueblo de Dios es donde se encarna y encuentra lugar el corazón del pastor. Esto nos libra a todos de buscar o querer respuestas fáciles, rápidas y prefabricadas, permitiéndole al Señor que sea Él (y no nuestras recetas y prioridades) quien muestre un camino de esperanza. No perdamos de vista que, en los momentos más difíciles de la comunidad primitiva, tal como leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, la oración se constituyó en la verdadera protagonista.

Hermanos, reconozcamos nuestra fragilidad, sí; pero dejemos que Jesús la transforme y nos lance una y otra vez a la misión. No nos perdamos la alegría de sentirnos “ovejas”, de saber que él es nuestro Señor y Pastor.

Para mantener animado el corazón es necesario no descuidar estas dos vinculaciones constitutivas de nuestra identidad: la primera, con Jesús. Cada vez que nos desvinculamos de Jesús o descuidamos la relación con Él, poco a poco nuestra entrega se va secando y nuestras lámparas se quedan sin el aceite capaz de iluminar la vida (cf. Mt 25,1-13): «Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco Ustedes, si no permanecen en mí. Permanezcan en mi amor (…) porque separados de mí, nada pueden hacer» (Jn 15,4-5). En este sentido, quisiera animarlos a no descuidar el acompañamiento espiritual, teniendo a algún hermano con quien charlar, confrontar, discutir y discernir en plena confianza y transparencia el propio camino; un hermano sapiente con quien hacer la experiencia de saberse discípulos. Búsquenlo, encuéntrenlo y disfruten de la alegría de dejarse cuidar, acompañar y aconsejar. Es una ayuda insustituible para poder vivir el ministerio haciendo la voluntad del Padre (cf. Hb 10,9) y dejar al corazón latir con «los mismos sentimientos de Cristo» (Flp 2,5). Qué bien nos hacen las palabras del Eclesiastés: «Valen más dos juntos que uno solo… si caen, uno levanta a su compañero, pero ¡pobre del que está solo y se cae, sin tener nadie que lo levante!» (4,9-10).

La otra vinculación constitutiva: acrecienten y alimenten el vínculo con vuestro pueblo. No se aíslen de su gente y de los presbiterios o comunidades. Menos aún se enclaustren en grupos cerrados y elitistas. Esto, en el fondo, asfixia y envenena el alma. Un ministro animado es un ministro siempre en salida; y “estar en salida” nos lleva a caminar «a veces delante, a veces en medio y a veces detrás: delante, para guiar a la comunidad; en medio, para mejor comprenderla, alentarla y sostenerla; detrás, para mantenerla unida y que nadie se quede demasiado atrás… y también por otra razón: porque el pueblo tiene “olfato”. Tiene olfato en encontrar nuevas sendas para el camino, tiene el “sensus fidei” [cf. LG 12]. ¿Hay algo más bello?»[31]. Jesús mismo es el modelo de esta opción evangelizadora que nos introduce en el corazón del pueblo. ¡Qué bien nos hace mirarlo cercano a todos! La entrega de Jesús en la cruz no es más que la culminación de ese estilo evangelizador que marcó toda su existencia.

Hermanos, el dolor de tantas víctimas, el dolor del Pueblo de Dios, así como el nuestro propio no puede ser en vano. Es Jesús mismo quien carga todo este peso en su cruz y nos invita a renovar nuestra misión para estar cerca de los que sufren, para estar, sin vergüenzas, cerca de las miserias humanas y, por qué no, vivirlas como propias para hacerlas eucaristía[32]. Nuestro tiempo, marcado por viejas y nuevas heridas necesita que seamos artesanos de relación y de comunión, abiertos, confiados y expectantes de la novedad que el Reino de Dios quiere suscitar hoy. Un Reino de pecadores perdonados invitados a testimoniar la siempre viva y actuante compasión del Señor; «porque eterna es su misericordia».

ALABANZA

«Proclama mi alma la grandeza del Señor» (Lc 1,46).

Es imposible hablar de gratitud y ánimo sin contemplar a María. Ella, mujer de corazón traspasado (cf. Lc 2,35), nos enseña la alabanza capaz de abrir la mirada al futuro y devolver la esperanza al presente. Toda su vida quedó condensada en su canto de alabanza (cf. Lc 1,46-55) que también somos invitados a entonar como promesa de plenitud.

Cada vez que voy a un Santuario Mariano, me gusta “ganar tiempo” mirando y dejándome mirar por la Madre, pidiendo la confianza del niño, del pobre y del sencillo que sabe que ahí esta su Madre y es capaz de mendigar un lugar en su regazo. Y en ese estar mirándola, escuchar una vez más como el indio Juan Diego: «¿Qué hay hijo mío el más pequeño?, ¿qué entristece tu corazón? ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre?»[33].

Mirar a María es volver «a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes»[34].

Si alguna vez, la mirada comienza a endurecerse, o sentimos que la fuerza seductora de la apatía o la desolación quiere arraigar y apoderarse del corazón; si el gusto por sentirnos parte viva e integrante del Pueblo de Dios comienza a incomodar y nos percibimos empujados hacia una actitud elitista… no tengamos miedo de contemplar a María y entonar su canto de alabanza.

Si alguna vez nos sentimos tentados de aislarnos y encerrarnos en nosotros mismos y en nuestros proyectos protegiéndonos de los caminos siempre polvorientos de la historia, o si el lamento, la queja, la crítica o la ironía se adueñan de nuestro accionar sin ganas de luchar, de esperar y de amar… miremos a María para que limpie nuestra mirada de toda “pelusa” que puede estar impidiéndonos ser atentos y despiertos para contemplar y celebrar a Cristo que Vive en medio de su Pueblo. Y si vemos que no logramos caminar derecho, que nos cuesta mantener los propósitos de conversión, digámosle como le suplicaba, casi con complicidad, ese gran párroco, poeta también, de mi anterior diócesis: «Esta tarde, Señora / la promesa es sincera; / por las dudas no olvides / dejar la llave afuera»[35]. «Ella es la amiga siempre atenta para que no falte vino en nuestras vidas. Ella es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas las penas. Como madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolor de parto hasta que brote la justicia… como una verdadera madre, ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del Amor de Dios»[36].

Hermanos, una vez más, «doy gracias sin cesar por Ustedes» (Ef 1,16) por vuestra entrega y misión con la confianza que «Dios quita las piedras más duras, contra las que se estrellan las esperanzas y las expectativas: la muerte, el pecado, el miedo, la mundanidad. La historia humana no termina ante una piedra sepulcral, porque hoy descubre la “piedra viva” (cf. 1 P 2,4): Jesús resucitado. Nosotros, como Iglesia, estamos fundados en Él, e incluso cuando nos desanimamos, cuando sentimos la tentación de juzgarlo todo en base a nuestros fracasos, Él viene para hacerlo todo nuevo»[37].

Dejemos que sea la gratitud lo que despierte la alabanza y nos anime una vez más en la misión de ungir a nuestros hermanos en la esperanza. A ser hombres que testimonien con su vida la compasión y misericordia que sólo Jesús nos puede regalar.

Que el Señor Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide. Y, por favor, les pido que no se olviden de rezar por mí.

Fraternalmente,

Francisco

Roma, junto a San Juan de Letrán, 4 de agosto de 2019.
Memoria litúrgica del santo Cura de Ars.

Audiencia general de hoy del Papa Francisco

También me gustaría destacar las palabras del Papa Francisco en la Audiencia general de hoy, ofrecida en el Aula Pablo VI:

Queridos hermanos:

La primera curación que narra el libro de los Hechos de los Apóstoles es la de un hombre paralítico de nacimiento que pedía limosna en la puerta del Templo llamada La Hermosa. Pedro y Juan se dirigen allí a rezar hacia las 3 de la tarde: es la misma hora en que se ofrecía el sacrificio, y en la que Cristo murió en la Cruz. Al ver al paralítico, los apóstoles lo miran y le piden que él a su vez los mire, creando así una relación, una relación de miradas, un encuentro real entre personas, que es donde a Dios le gusta manifestarse. A continuación Pedro le dice: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y camina», y tomándolo de la mano lo levantó.

El mendigo no obtuvo dinero, sino que recibió el Nombre que salva: Jesús de Nazaret. Aquí también vemos el retrato de una Iglesia que mira al que está en dificultad para crear relaciones con significado, puentes de amistad y solidaridad. Es el rostro de la Iglesia sin fronteras que se siente madre de todos, y que vive el arte del acompañamiento que se caracteriza por la delicadeza que se acerca a la tierra sagrada del otro; así nuestro caminar tendrá el ritmo sanador de la projimidad, con una mirada respetuosa y llena de compasión, y que al mismo tiempo sana, libera, alienta a madurar en la vida cristiana.

Pedro y Juan nos enseñan a no poner la confianza en los medios, que siempre serán útiles, sino en la verdadera riqueza que es la relación con Cristo resucitado.

* * *

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española provenientes de España y Latinoamérica. En particular saludo a la Hermandad Nuestro Padre Jesús Hospitalario, de Ciempozuelos, acompañados de su obispo Mons. Ginés García Beltrán. Pidamos al Señor que nunca olvidemos que la verdadera riqueza de nuestra vida está en su amor infinito, y que nos esforcemos en compartirlo también con los demás. Que Dios los bendiga.

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Algunas reflexiones del Papa Francisco.

Si no te gusta usar twitter o alguna red social, ten en cuenta que no tienen únicamente una finalidad, sino que de ti dependerá el uso que hagas de ellas. Puede ser malo, lógicamente, pero también puede ser provechoso si, por ejemplo, sigues el twitter del Papa Francisco, que cada semana aporta interesantes reflexiones personales del Santo Padre.

También puede interesarte: ¿qué es el Camino Neocatecumenal?

Twitter del Papa Francisco

Algunas reflexiones que nos llegan a través del twitter del Papa Francisco

Ciertamente hay muchas formas de informarse de lo que dice y hace el Papa. Pero hoy vamos a dejar algunas frases que hemos visto en la cuenta personal de twitter del Papa Francisco. Por supuesto, en español. Son siempre reflexiones profundas, que nos llaman a meditar tanto el Evangelio como, en ocasiones, las noticias de nuestro entorno.

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Estas reflexiones son muy interesantes, ya que a diferencia de lo que muchos piensan la Biblia en general y el Evangelio en particular son muchísimo más que textos para decorar una estantería. La oración diaria del cristiano debe fundamentarse en la Biblia, y para eso nada mejor que asistir a la Eucaristía. La Iglesia, como buena madre que es, nos da cada día buenas recomendaciones, con las lecturas que cada día se proclaman.

Cómo reaccionan los cristianos antes las injusticias: consejos del Papa Francisco

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Tanto la corrupción como la explotación en el trabajo son injusticias graves que perjudican nuestro mundo. Por eso el Papa nos invita a rezar y a actuar contra ambas. Hay que tener en cuenta que no podemos permanecer indiferentes frente a las injusticias, aunque sea siempre la opción cómoda: si Jesús dio su vida, no es para que nosotros reservemos cómodamente la nuestra. No está el cristiano ni la lámpara para esconderse cuando hacen falta, sino para dar luz.

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España tendrá tres nuevas beatas, enfermeras mártires de Astorga, martirizadas durante la guerra civil.

España, según anunció el Papa Francisco, contará con tres nuevas beatas, conocidas como las enfermeras mártires de Astorga por ser esta su localidad natal. Fueron martirizadas por no renegar a su fe durante los inicios de la Guerra Civil española, en la localidad asturiana de Pola de Somiedo.

El Decreto cuya promulgación fue autorizada por el Papa a la Congregación para las Causas de los Santos, reconoceel martirio de las Siervas de Dios Pilar Gullón Yturriaga y 2 compañeras, laicas.

Todo el proceso, tal y como afirma el sobrino de una de ellas, Manuel Gullón, se hizo sin ánimo de revancha, sino para dar testimonio de su fe y del valor que las tres tuvieron. Demostrando así el poder fascinante de su amor, muy superior al poder del odio de sus asesinos, parafraseando a San Juan Pablo II.

El Papa Francisco beatificará a las enfermeras mártires de Astorga

El Papa Francisco beatificará a las enfermeras mártires de Astorga

Las tres beatas, violadas y asesinadas el 28 de octubre de 1936, eran enfermeras de la Cruz Roja. Se trata de María Pilar Gullón, de 25 años, Octavia Iglesias, de 41, y Olga Pérez, de 23 años. Los milicianos les dieron la opción de salvarse si renegaban de su fe, a lo cual se negaron rotundamente.

Tras dicha negación, fueron martirizada y violadas, para ser asesinadas finalmente por un grupo de voluntarias milicianas. Dichas mujeres, entre las que se encontraban Felisa Fresnadillo, Josefa Santos, María Sánchez, María Soto y Consuelo Vázquez, se ofrecieron voluntarias para asesinar a las tres enfermeras, que por fin serán reconocidas como beatas.

Al parecer, confiaron en que su condición de enfermeras les libraría de la crueldad que se estaba mostrando con los católicos en general, en la zona republicana. Pero el respeto al personal sanitario no tuvo lugar en su caso, desgraciadamente. Al declararse católicas y por su pertenencia a las Hijas de María, Conferencias de San Vicente de Paúl y Acción Católica, su condición de enfermeras no fue en absoluto respetada.

Manuel Gullón, sobrino de María Pilar, fue quien inició la causa de beatificación. Aportó los datos que demuestran que un grupo de milicianos, dirigidos por «El Patas», fueron los que se encargaron de martirizar a las 3 beatas. Al parecer las encerraron durante una noche en una vivienda, y los milicianos que se encontraban al cargo de la custodia de las tres mujeres recibieron instrucciones, por parte de su superior «El Patas», de poder hacer con ellas «lo que quisieran» durante aquella fatídica noche.

Además de ser martirizadas y violadas, las tres enfermeras mártires de Astorga fueron asesinadas por fusilamiento al día siguiente, sin que se les permitiera vestirse. Todo ello fue acreditado por numerosos testigos del pueblo.

La noticia de las tres beatas de Astorga, en la web oficial del Vaticano.

Así se publica en la web del Vaticano, vaticannews.va:

El Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos promulgar el Decreto que reconoce el martirio de las Siervas de Dios Pilar Gullón Yturriaga y 2 compañeras, laicas, asesinadas por odio a la fe en Pola de Somiedo (España), el 28 de octubre de 1936, durante la guerra civil española.

La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó que, este 11 de junio de 2019, el Santo Padre recibió en audiencia al Cardenal Angelo Amato, S.D.B., Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Durante la audiencia, el Papa Francisco autorizó a la misma Congregación, promulgar los Decretos relativos al martirio de las Siervas de Dios Pilar Gullón Yturriaga y 2 compañeras, laicas, asesinadas por odio a la fe en Pola de Somiedo (España), el 28 de octubre de 1936, durante la guerra civil española.

7 nuevo venerables siervos de Dios

Asimismo, la Iglesia ha reconocido las virtudes heroicas de los Siervos de Dios: Augustin Tolton, sacerdote diocesano; nacido en Brush Creek (Estados Unidos de América) el 1 de abril de 1854 y fallecido en Chicago (Estados Unidos de América) el 9 de julio de 1897; Enzo Boschetti, sacerdote diocesano; nacido en Costa de Nobili (Italia) el 19 de noviembre de 1929 y fallecido en Valcamonica (Italia) el 15 de febrero de 1993; Felice Tantardini, hermano del Pontificio Instituto para Misiones Extranjeras; nacido en Introbio (Italia) el 28 de junio de 1898 y fallecidoen Taunggy (Myanmar) el 23 de marzo de 1991; Giovanni Nadiani, laico converso de la Congregación de Presbíteros del Santísimo Sacramento; nacido en Santa Maria Nuova (Italia) el 20 de febrero de 1885 y fallecido en Bergamo (Italia) el 6 de enero de 1940.

Como también la Iglesia ha reconocido las virtudes heroicas de tres Siervas de Dios: Rosario de la Visitación (en el siglo: María Beatriz Rosario Arroyo), fundadora de la Congregación de las Hermanas Dominicas del Santo Rosario. nacida en Molo (Filipinas) el 17 de febrero de 1884 y fallecida allí el 14 de junio de 1957; Maria Paola Muzzeddu, Fundadora de la Sociedad de las Hijas de la Madre Purísima; nacida en Aggius (Italia) el 26 de febrero de 1913 y fallecida allí el 12 de agosto de 1971; María Santina Collani, Hermana profesa del Instituto de las Hermanas Misericordiosas; nacida en Isorella (Italia) el 2 de marzo de 1914 y fallecida en Borgo d’Ale (Italia) el 22 de diciembre de 1956.

Sus cuerpos, a fecha de hoy, pueden ser visitados en la Catedral de Astorga, donde descansan sus restos desde el funeral que se celebró poco después de finalizar la Guerra Civil. El Papa dio así un paso importante al reconocer oficialmente el martirio de estas tres enfermeras de Astorga.

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Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias, Señor.

Uno de los salmos que mejor resumen la Cuaresma, este tiempo de arrepentimiento que precede a la Pascua del Señor, es el salmo 50. Y precisamente por eso, se reza mucho en Cuaresma en la oración de Laudes por las mañanas. No sólo por los fieles del Camino Neocatecumenal en particulas, sino en toda la Iglesia en general.

“Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias”.

De las muchas y profundas frases que este salmo 50 nos regala, lleno de arrepentimiento y muy apropiado para preceder al Sacramento de la reconciliación o la confesión, hemos querido destacar hoy esta en especial: “Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias”. Es una frase muy sencilla y a la vez muy potente, cargada de significado.

¿Quién no ha escuchado a un amigo, vecino o familiar, decir que su vida es demasiado turbia para acercarse a la Iglesia? Sin duda es un argumento bastante generalizado, como si la Iglesia y el Sacramento de confesión no estuviera especialmente reservado para “vidas turbias” (que además, dicho sea de paso, el pecado es el denominador común entre todo ser humano, no importa su condición social, nación o sexo, en eso somos todos iguales).

Un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias Señor, Camino Neocatecumenal

Precisamente para combatir ese error, ese pensamiento o sensación de “miedo a acercarse a la Iglesia porque es un lugar para justos y no para mí“, este salmo nos ayuda con fuerza. Un corazón pecador, humillado, que no se cree superior al de los demás, nunca es rechazado por el Señor ni por la Iglesia.

Salmo 50 – CONFESIÓN DEL PECADOR ARREPENTIDO

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio brillará tu rectitud.
Mira, que en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, ¡oh Dios,
Dios, Salvador mío!,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen;
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:
un corazón quebrantado y humillado
tú no lo desprecias
.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

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