Partitura del Pregón Pascual, Himno solemne de la Vigilia.

Si estás preparando la celebración de la Vigilia Pascual, y tienes conocimientos musicales o tocas algún instrumento, tal vez esta partitura del Pregón Pascual pueda serte de utilidad. Si no es el caso y la música no es una de tus pasiones o habilidades, te invitamos que compartas igualmente la entrada para que llegue a quienes sí puedan estar interesados.

Partitura del Pregón Pascual, cantado en la Vigilia

La Vigilia Pascual es una celebración solemne, y el Pregón Pascual es uno de los Himnos más antiguos de la liturgia de la Iglesia. Este Himno debe ser interpretado con toda la dignidad posible. Por ello, siempre que se pueda es recomendable acompañarlo de instrumentos musicales que le den mayor belleza.

Todos los cantos del Camino Neocatecumenal ayudan a que la asamblea participe del gozo que supone cada celebración, y en el caso de la Vigilia Pascual debe celebrarse con mayor solemnidad. De esta manera, se manifiesta la alegría por la Resurrección de Cristo de una forma más palpable.

Partitura del Pregón Pascual - Camino Neocatecumenal

El uso de esta partitura dependerá de tu instrumento y de tus habilidades musicales. Tal vez creas que debería cambiarse o agregarse alguna otra voz o partitura: si es así, por favor no dudes en contactarnos, cualquier colaboración es bienvenida.

Para consultar la partitura del Pregón Pascual que hoy compartimos, basta con hacer clic en este enlace. Se trata de un enlace de Mega, pero no es necesario que tengas cuenta o estés dado de alta: podrás descargarlo como archivo comprimido sin problemas.

Al visitar el enlace podrás consultar la partitura del Pregón Pascual sin necesidad de descargarla. Si te gusta o crees que puede ser útil, también podrás descargarla o imprimirla.

Cualquier duda o incidencia técnica, o cualquier problema con el enlace (por ejemplo, si no te funciona), puedes comentarlo con nosotros dejando un comentario aquí mismo.

Y, como siempre, si compartes esta información con tus redes sociales, seguro que tus hermanos de comunidad lo agradecerán. Si al compartirla algún músico de tu Parroquia la toca, y con eso ayudas a que en tu Parroquia la Vigilia Pascual quede más hermosa, también tú te beneficiarás.

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¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano?

La importancia del perdón para un cristiano es tal, que Jesús nunca dejó de insistir en este tema. Precisamente la Iglesia nos recuerda hoy, en el Evangelio del día, una de las piedras angulares donde se sustenta la fe cristiana: la reconciliación con el prójimo.

Acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

¿Cuántas veces tenemos que perdonar? Jesús responde con claridad

La duda es tan actual como la vida misma. Siempre pensamos que cuando una persona nos falla es mejor olvidarla para siempre. ¿Es eso cierto en todos los casos? Si bien está claro que hay personas que nos resultan tóxicas y es mejor no acercarse a ellas, no es menos importante tener claro que en nuestro corazón no debemos guardarles rencor ni odio, por mucha maldad que nos hayan causado.

El cristiano no puede vivir con rencor, y eso mismo nos recuerda la Iglesia hoy con el Evangelio. Las palabras de Jesús ante la pregunta de Pedro, que quería saber cuántas ofensas debía perdonar, fueron claras: “hasta setenta veces siete“.

Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete».

Cuantas veces hay que perdonar al hermano

Y para los más legalistas, para quienes están echando mano de la calculadora para lograr encontrar la fórmula del perdón, contando cuántas veces son, ya les anticipamos que no se trata de una ecuación. El sentido de la respuesta de Jesús es que siempre hay que perdonar. No se puede tener rencor en el corazón, porque además seremos nosotros, los que guardemos ese mal sentimiento, los que sufriremos por ello.

La felicidad, por tanto, parte del perdón. Quien no pueda experimentarlo se dará, tarde o temprano, cuenta de que necesita perdonar para ser feliz. El rencor, que viene del demonio, es un arma de autodestrucción, que sólo Jesús puede sanar y que, por tanto, será a Él a quien debamos pedírselo en la oración.

El Evangelio completo de hoy es el siguiente (Mt 18, 21-35):

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

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“Porque para Dios nada hay imposible”

En el Evangelio del día (Lucas 1,26-38), una de las frases más impactantes es la que encabeza esta entrada: “para Dios nada hay imposible”. Lo dice el ángel Gabriel a propósito de Isabel y su embarazo. Considerada estéril, su estado era considerado un milagro.

Para Dios nada hay imposible, Camino Neocatecumenal

“Para Dios nada hay imposible”, ¿qué tiene que ver con tu vida?

Si bien en el Evangelio hay muchas otras cuestiones a destacar, me apetecía hoy reflexionar en especial sobre esa frase. ¿Qué aplicación tiene a nuestra vida diaria? ¿realmente somos conscientes de que algo, hoy mismo, en nuestra vida manifiesta como cierta esa afirmación? ¿creemos que, concretamente, hay algo que podamos decir que demuestra que ha podido Dios obrar en nosotros algo milagroso?

Si la respuesta es negativa, seguramente será porque no hemos estado atentos a lo que Dios ha hecho en nuestra vida con nosotros. Pero si la respuesta es positiva, es posible que nos apetezca compartir con los que nos rodean esa experiencia, esa manifestación de que Dios ha hecho cosas grandes en nosotros.

Dejaré ahora, para ayudar a reflexionar en estas u otras cuestiones, el Evangelio completo de hoy. Es el siguiente:

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

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